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Cobra Kai - La Serie

Cuando el Karate Kid se convirtió en persona real

Hablar del Karate Kid representaría agregarse a los cientos de artículos que se han escrito por años desde 1984 a la fecha, desde las reseñas que tacharon el filme de John G. Avildsen como "Basura presuntuosa", "Mediocre broma de mal gusto" y "Filme palomero para pasar la tarde" hasta las grandilocuentes y analíticas apreciaciones interneteras de que se trata de un "Filme de Culto". Así que me limitaré a dar mi propia opinión sobre la saga de dos películas medianamente buenas, dos peor que malas y una serie por internet que ha hecho que el Karate Kid recobre bríos y al mismo tiempo se vea superado en valor de esencia.

Cuando yo ví la película en 1984 ya era estudiante de karate (por eso la ví) y me divertí, tenía 20 años y una vida de estudiante bastante burguesa aún con las eventualidades que ser estudiante representa y salía con una chica promedio que me complementaba en un sentido muy Andy Capp y no pintaba para ser activista feminista. Es decir, nuestras perspectivas de vida eran bastante normales y bastante mexicanas para ser francos así que yo fui a ver al Karate Kid sabiendo que ese tema no era muy del agrado de ella pero sí muy del mío y salí del cine sintiéndome más fregón que Chuck Norris. Puede que sea medio sangrón respecto a apreciar el cine después de ser fan de Stanley Kubrick y Martin Scorsese pero es cierto que el Karate Kid es por mucho la versión adolescente de Rocky en un talante igual de consumista que aquella. Sin embargo me gustó, tocó mis fantasías juveniles de ser un héroe sobreviviente del bully abusivo escolar y de la cuadra donde vivía por ese entonces y la segunda parte, Karate Kid II (vaya que se rompieron la cabeza con dicho título), no pudo faltar en mi repertorio. Cierto, la película de Macchio que superó mi gusto en ese sentido fue "Crossroads", en donde Ralph dejó el Dojo y se colgó una Fender Telecaster para tocar blues buscando el Blues número 30 y vencer, no a Johnny Lawrence en un torneo de Karate, sino al mismísimo Satanás tocando la guitarra (idea que el juego de "Guitar Hero" copió mediocremente).

La cosa es que Karate Kid III y Karate Kid IV no me gustaron. Una el refrito de la misma idea en la que regresa el villano Sensei Kreese para ser nuevamente vencido y la otra con una chica tomando el lugar de Daniel Larusso, que no es por la chica sino por el argumento tan vago y en cierto modo estúpido de la película. Así, con la edad y las responsabilidades perdí el encanto por el culto al Karate Kid y su remake en 2010 con el hijo de Will Smith de pupilo y Jackie Chan de Sensei, no le hizo mucha justicia que digamos al tema. Pero Will Smith precisamente es un tipo juicioso, buen productor y empresario afilado como navaja y decidió que el culto al Karate Kid original debía regresar. Al principio pensó en una secuela pero al final decidió que sería mejor crear una mini serie de televisión enfocada en un drama no vivido en las película. Es decir, ¿qué tal si esta vez Daniel Larusso dejara de ser el héroe y se convirtiera en un antihéroe o al menos en una persona que también abusa y comete errores?, o bien, ¿qué tal si el abusivo villano original, Johnny Lawrence, mostrara sus razones de ser un villano y mostrara su lado humano?.

Will Smith se creyó enfrentar a dos barreras básicas, que el creador de la historia original, Robert Mark Kamen, se opusiera a que utilizara sus personajes y su historia de referencia y, por otro lado, a que los protagonistas originales, Ralph Macchio y William Zabka, se opusieran siquiera a considerar la idea de actuar (particularmente Macchio, quien ha gozado por una treintena de años de la simpatía de los fans del Karate Kid). Y sin embargo se mueve, diría Galileo (y no el de Queen). Tanto Macchio como Zabka mostraron especial interés logrando incluso que el resto de implicados participara de una forma u otra en la producción de la serie, con la única negativa de Elizabeth Shue (Ally Mills, la superficial novia por la que Johnny Lawrence se enceló de Daniel Larusso). De esta manera el Karate Kid salta a la luz pública desde la perspectiva de la contraparte, el infame Dojo Cobra Kai, en donde se golpea primero, se golpea fuerte y no se tiene piedad.

Lo que más me gustó de la serie fue su toque realista. Aquí desapareció el edulcorante "Made in Hollywood" de la saga de películas y se expuso a los dos protagonistas principales en su lado humano y de conciencia como un Daniel Larusso triunfador como empresario automotriz y un Johnny Lawrence fracasado víctima de las circunstancias y de sí mismo. El primero un cabal y comprensivo padre de familia con una bella esposa, una residencia palaciega y el legado de un Señor Miyagi que le dejó la cultura de los árboles bonsai, aparte del karate, y el otro un sujeto alcohólico que sobrevive al día, divorciado, cuyo hijo reniega de él, resentido con la vida y con un rencor hacia el sensei que lo hizo karateka que le hace odiar incluso la idea de volver a entrenar. Así y todo, Daniel se ha convertido también en un sujeto superfluo, presuntuoso y convencido de que su verdad es absoluta, sin dar paso a la duda razonable (conozco muchas así, jajajajaja). Johnny sin embargo, y a pesar de su machista postura ante la vida, es un sujeto que, a pesar de todo, posee un alto sentido del honor, es sensato y cree que las generaciones actuales están plagadas "de maricas" (en el sentido de que ahora todo se arregla poniendo etiquetas, asistiendo al psicólogo y a consejeros estudiantiles en comparación a tiempos viejos cuando las cosas las arreglábamos con una buena pelea). Así de esta manera se desarrolla una interesante e intrínseca historia en la que hay momentos en los que odias a ambos y momentos en los que amas a ambos y hasta momentos en los que ambos se emborrachan juntos.

Los alumnos estrella son Miguel Díaz, un hispano alumno de Johnny, y Robbie Keene, el hijo de Johnny que se hace alumno de Daniel (o sea!!!) y sostienen una rivalidad igual de insana que la que Daniel y Johnny tuvieron en 1984 e igualmente por una chica, Samantha Larusso, hija de Daniel. Si bien en las películas los malos de Cobra Kai eran malos, muy malos, unos verdaderos hijos de la tiznada y el único alumno de Miyagi Dojo era Daniel, el bueno y pobrecito Daniel, en la serie Cobra Kai hay una extraña combinación de buenos y malos, más cercana a la realidad por cierto, y una dramática trama en la que varios personajes cobran personalidad e historia propios. Se retrata así el también drama del abuso escolar, de la alienación parental, de la superficialidad juvenil, de la lucha por sobrevivir y de la traición. Cierto, no puede faltar un enemigo común a cargo del malo de siempre, John Kreese, el Sensei que destruyó a sus propios alumnos en 1984 y que regresa a vengarse de Daniel Larusso (ya que no puede desquitarse del fallecido Señor Miyagi) utilizando a Johnny Lawrence de manera trapera y cobarde. También destacan algunos cameos imperceptibles pero interesantes para quien conozca bien la saga de películas. Ron Thomas (el chico que en la película le lastima la pierna a Daniel y le pide perdón en pleno combate) entrenó a los chicos que aparecen en la película, ya que es un reconocido artista marcial en la vida real.

Es verdad que la serie, adquirida y transmitida por YouTube Originals, es un valioso documento para los fans del Karate Kid, o para sus detractores, pero también es una interesante serie creada profesionalmente en la que tanto Ralph Macchio como William Zabka demuestran sus capacidades histriónicas de una manera que no pudieron expresar en el filme original (Macchio en todas aparece como un idiota). Si alguien tiene un poco de curiosidad y gusto por series alejadas del Bubble Gum de Hollywood, haría bien en darse un tiempo para ver "Cobra Kai". YouTube Originals cobra por verla pero vale la pena. En opinión personal: Genial!.

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